28 diciembre, 2005

BEJARANO, FRANCISCO

LO IMPORTANTE

Francisco Bejarano: El regreso. Sevilla, Renacimiento, 2002

El último libro de Francisco Bejarano se llama El regreso. Y el caso es que todo libro de Francisco Bejarano es recibido por sus lectores como noticia de un regreso: el regreso a la poesía de quien no se prodiga demasiado en publicar versos y deja pasar muchos años entre un libro y otro. Quince se interponen entre El regreso y Las tardes, su libro anterior. Cierto que entre estos dos libros de poemas se interponen otros tantos de prosas que amplían y exploran de otra manera el mismo universo poético que los versos. Me refiero a Las estaciones y Consolación de melancólicos. Estos libros, no obstante, valen por lo que son: intensos y amenos tratados que hablan del mundo exterior y del interior con la lúcida claridad y, a la vez, delicadeza de quien está acostumbrado a dirigirse a sus convecinos y contemporáneos día a día desde las páginas de un periódico y en esas mismas páginas se reserva, de vez en cuando, un espacio para hablar de las cosas verdaderamente importantes, que no son los conflictos políticos ni los debates ciudadanos, sino el transcurrir del tiempo, el amor y la soledad del hombre ante la muerte. Los libros de prosa meditativa de Francisco Bejarano equivalen a una confidencia enmarcada en una discusión entre personas de confianza, en la que el interlocutor tiene permiso para matizar y discutir, si quiere.

Los libros de poemas son otra cosa. En el verso cadencioso de Francisco Bejarano y en la sobriedad sentenciosa de su discurso poético no tienen cabida otros matices que los que él mismo quiera aducir para que sus definiciones del dolor, del desengaño, del amor perdido o de la nostalgia resulten poco menos que indiscutibles, veredictos inapelables que el lector acepta incluso a su pesar. La de Francisco Bejarano es una poesía de esencias, pero no porque su verso sea pobre y su dicción anémica o porque sea incapaz de manejar recursos que otros poetas presuntamente "esencialistas" desdeñan, tales como la anécdota o la sana retórica. Todo lo contrario: hay elegante retórica en los versos de El regreso: preguntas sin respuesta, sentencias, alegorías sencillas; y hay también un inteligente uso de la anécdota y de la circunstancia: viajes en coche a un país extranjero, recuerdos de la infancia y de su paisaje, evocaciones de amigos y confidentes... En los poemas de Bejarano, no obstante, lo anecdótico resulta indistinguible de lo simbólico y de lo puramente imaginado o soñado. Amigos y amantes conviven con voces anónimas e impalpables "demonios" interiores. Los paisajes reales, los pámpanos y albarizas de las viñas jerezanas, se alternan con las imaginadas Islas de Barlovento o la imposible Samarcanda. Lo interior y lo exterior se mezclan en una subjetividad que se analiza implacablemente a sí misma y no duda en llegar a las más desoladoras conclusiones. Engaños son el amor, la amistad, la poesía; falsa es la idea que amigos, padres y amantes se hacen del amigo, del hijo o del amado; y el dolor mismo resulta un sentimiento poco noble pues "nace / del lugar más oscuro de la mente / de donde el mal y la crueldad habitan".

Este es el mundo poético de Francisco Bejarano. Hay quienes han dicho que ese mundo estaba ya perfectamente delineado en Las tardes e incluso más allá, en el lejano Recinto murado de 1981. Eso es verdad sólo a medias. En Las tardes Bejarano exploraba el contorno y la amplitud de ese mundo poético, y para ello se permitía aproximarse, discretamente, a los modos y asuntos de la poesía más joven de entonces, al gusto de ésta por la calle, el decorado urbano y la narratividad. Era como si el poeta hubiera puesto un pie fuera del sólido "recinto murado" de su entrega anterior para llegar a la esperada conclusión de que lo que había en el exterior, o bien ya tenía su lugar en el mundo del poeta o, sencillamente, no merecía la pena. En El regreso, como su nombre indica, el autor ha vuelto a replegarse en su mundo. Vuelve, eso sí, enriquecido y, si cabe, más desengañado. Y capaz de dar cuenta de su experiencia en uno de los poemarios más ajustados, sobrios, precisos y lúcidos que han visto los últimos años.

JOSÉ MANUEL BENÍTEZ ARIZA. Texto leído en la presentación en Cádiz de El regreso y publicado en Clarín, nº 45, mayo-junio 2003.