14 diciembre, 2005

MICRORRELATOS

Hay algo en el artículo literario que invita a la ficción. Quizá la impunidad: al autor de artículos literarios no le van a exigir la misma fidelidad al dato que a quien denuncia un escándalo inmobiliario, pongo por caso. Ni siquiera se le exige fidelidad a la autobiografía: puede uno inventar anécdotas, atribuirse dichos o hechos, postular testaferros que carguen con lo que uno no quiere suscribir directamente. El mismo acto de escribir adquiere un cierto carácter de impostura buscada y consentida: en la vida real, uno no habla jamás tan a la ligera, ni cuenta intimidades, ni frivoliza por las buenas, ni manifiesta en voz alta (o en tinta legible, tanto da) sus perplejidades. Para eso está el otro, el que suscribe los artículos. Que no es, permítaseme decirlo, sino un personaje de ficción. Y que, como todos los personajes de ficción llevados con cierto pundonor literario, acaba siendo de una sinceridad apabullante, casi excesiva.

¿Artículos o relatos? Para el inventor de la forma moderna del género, eran una misma cosa; sketches, tales, articles... los llamaba Poe: distintas maneras de nombrar lo que, arrimando el ascua a nuestra particular sardina, podríamos denominar "periodismo de ficción". También escribe uno relatos propiamente dichos (los recogidos en mis tres libros dedicados al género). Pero qué duda cabe de que el tamaño de la columna, la necesidad de someterse a esa limitación de espacio, y las muy laxas condiciones de presuposición de verdad de las que hablábamos antes, dan lugar a una tensión muy especial, a una temperatura expositiva y narrativa única. ¿Lo llamamos "microrrelato"? Como quieran. Sin esas condiciones, mi modo de narrar deriva a otros formatos, a otras exigencias. O vuelvo al poema, esa otra provincia de la literatura donde la extensión, literalmente, deja de contar.

JOSÉ MANUEL BENÍTEZ ARIZA

(Publicado en Ciempiés. Los microrrelatos de Quimera. Edición de Neus Rotger y Fernando Valls. Editorial Montesinos, Barcelona, 2005. pp. 241-242)