11 mayo, 2006

LA INDUSTRIA DEL LIBRO

LA INDUSTRIA DEL LIBRO. PASADO, PRESENTE Y FUTURO DE LA EDICIÓN

Jason Epstein. Anagrama. Colección “Argumentos”. Barcelona, 2002. 200 pp.

En épocas de cambio rápido, es más fácil creer en los aspectos destructivos de la naturaleza humana –entre ellos, su presunta capacidad de arrumbar rápidamente lo bueno a favor de lo menos bueno- que en los constructivos. Algo de esto hay en el presente pesimismo con el que algunos agoreros hablan del futuro del libro. No es el caso de Jason Epstein, como demuestra el ensayo que nos ocupa. Sus cincuenta años de brillante actividad editorial –que incluyen logros tan sólidos como Anchor Books, revolucionaria colección de libros de calidad en rústica, o la revista The New York Review of Books, o su monumental Biblioteca de América (Library of America)- le proporcionan datos y argumentos para dictaminar con lucidez sobre el sentido de los cambios habidos en la industria editorial y prever lo que se avecina. Y sus conclusiones son tan sorprendentes como esperanzadoras.
Analiza Epstein el proceso que ha llevado, en los últimos años, a la concentración editorial, por una parte, y a la desaparición de las librerías tradicionales a favor de las cadenas y las secciones de libros de los grandes almacenes. Y concluye que ese proceso es insostenible, que la naturaleza de la mercancía está reñida con la necesidad de beneficios rápidos y enormes inversiones que plantea la industria editorial en su actual estadio; y que la solución, de la mano de Internet y otras innovaciones tecnológicas auxiliares –libro digital, máquinas para imprimir libros descargados directamente de fondos digitalizados, etc-, conllevará la desaparición de buena parte de los intermediarios actuales entre autor y lector y la reducción de la tarea del editor a unas pocas pero imprescindibles labores cruciales. Augura Epstein que esta simplificación implicará una vuelta a la empresa pequeña y a la edición artesanal; y que, por lo mismo, el lector buscará en la librería aquello que no encuentra en Internet: ambiente grato y atención personalizada. Pues, como este modélico editor afirma en algún pasaje de su obra, “las librerías son componentes esenciales de la naturaleza humana”.
Comparte uno de buena gana el optimismo humanista de Epstein, más convincente aún por venir adobado de perspectiva histórica y de un puñado de jugosas anécdotas en las que comparecen escritores como Nabokov, Auden o el gran crítico Edmund Wilson. Son éstas, en fin, las causantes de que este ejercicio de voluntarioso optimismo deje en el lector, al cabo, un melancólico regusto a elegía por un mundo desaparecido.
José Manuel Benítez Ariza
Publicado en El Cultural, 5 de septiembre 2002