18 enero, 2010

LOS AÑOS ROJOS DE BUÑUEL


LOS AÑOS ROJOS DE LUIS BUÑUEL

Román Gubern y Paul Hammond. Cátedra, Madrid, 2009. 419 pp.

Quizá una de las muchas cosas buenas que podrían decirse de este libro es que muestra hacia su protagonista y hacia la actividad política que se le imputa una desacostumbrada imparcialidad. La intención de los autores no es, en ningún modo, reivindicar la figura de Buñuel para ninguna causa política. Los escasos pasajes en los que éstos manifiestan su opinión dan a entender más bien lo contrario: Gubern y Hammond dan por sentado que el prudente lector sabe a qué atenerse respecto al comunismo, y respecto al no siempre airoso papel que numerosos intelectuales europeos jugaron en relación al estalinismo en el periodo de entreguerras.

Buñuel fue uno de ellos. Existen pruebas fehacientes de su afiliación al Partido Comunista de España en 1931, coincidiendo con la proclamación de la República, y en su trayectoria artística y humana hay suficientes indicios de que determinadas actuaciones suyas se rigieron por las consignas emanadas, en primera instancia, del Comintern, el instrumento de la política internacional de Stalin, y de sus variadas ramificaciones políticas e intelectuales. Tal es la tesis de este libro. Que, a la luz de la documentación aportada, parece irrefutable.

Pero, decíamos, no hay que entender esta completísima monografía sobre los inicios de la carrera de Buñuel como un acta de acusación. Las convicciones políticas de Buñuel –sobre cuya sinceridad tampoco se pronuncia este libro– fueron las que se respiraban en los ambientes artísticos en los que el cineasta dio los primeros pasos de su carrera. La muy favorable acogida que su filme protosurrealista Un chien andalou tuvo en el círculo de Breton lo llevó a asumir con naturalidad la pretendida sintonía entre subversión artística y praxis revolucionaria que defendían los surrealistas de entonces. Luego, cuando muchos de éstos fueron ganados para la causa estalinista, en contradicción con la postura algo más ecléctica de Breton, Buñuel se encontró en una tesitura en la que su propia trayectoria artística parecía demandar también una ruptura con el surrealismo ortodoxo y abrirse a otros intereses. Fueron los tiempos en que el director filmó Las Hurdes / Tierra sin pan, un documental que, sin dejar de presentar numerosos rasgos surrealizantes, ofrecía un claro mensaje político y social. Los autores de esta monografía no se pronuncian sobre si fue el cambio de orientación artística lo que determinó la consiguiente adscripción política o viceversa. Posiblemente no pueda hablarse de prelación de uno de estos factores respecto al otro. El artista y su obra simplemente evolucionaban en sintonía con los tiempos.

La apretada narración de Gubern y Hammond se extiende a las labores de producción que hizo Buñuel para la empresa Filmófono durante los años de la República, y luego a los servicios propagandísticos que prestó para ésta, ya durante la guerra, en la embajada de París, antes de embarcarse hacia los Estados Unidos en septiembre de 1938. En todas estas vicisitudes se van cruzando en su camino nombres que, por sí solos, merecerían protagonizar una novela de aventuras: mecenas, espías, agentes dobles, gentes del cine arrastradas por los tiempos a toda clase de metamorfosis, etc. A casi ninguno le falta una rápida semblanza en este libro; o, cuando no, las dos o tres pinceladas suficientes para que el lector guarde una impresión indeleble de ellos: el empresario Urgoiti, el proteico actor Jorge Rigau, el entonces principiante director José Luis Sáenz de Heredia, etc. En este sentido, el índice onomástico de este libro vale por una pequeña enciclopedia del cine y sus aledaños en el periodo estudiado.

De una carta de Dalí a Buñuel de principios de 1939 se deduce que el cineasta confesó a su antiguo amigo su distanciamiento de la ideología que había profesado en los últimos años. Tampoco cabe aquí postular grandes desengaños, a la manera de los de un Koestler o un Orwell. Buñuel simplemente pasaba… a otra cosa. A su etapa más fructífera como cineasta, tan felizmente ambigua a estos respectos.

Publicado en El Cultural, 8/1/2010