22 marzo, 2013

UN EXTRAÑO EN SU LUGAR


PLASENCIAS
Álvaro Valverde,
De la Luna Libros, Mérida, 2013.


Un hombre puede residir a lo largo de su vida en varias ciudades distintas o puede residir de forma permanente en una sola. Pero nada de eso, ni lo uno ni lo otro, afecta a la condición inalterable que marca la impronta de aquella en que hirieron sus ojos por primera vez los rayos de la luz. Ese lugar, sus colores y relieves, sus aromas y paisajes quedan para siempre albergados en lo más íntimo del corazón, sin que ninguna otra experiencia, ninguna otra patria adoptiva, puedan reemplazarlos. Es el caso del Moguer de Juan Ramón Jiménez, de Sevilla en Bécquer o en Antonio Machado, de Bilbao para Unamuno.

Álvaro Valverde (Plasencia, 1959) ha vivido toda su vida, ¿sabemos acaso si por azar o por destino?, en esa ciudad extremeña, a la que ahora dedica todo un libro de versos, de carácter monográfico. De entrada, lo que resalta en él es la ausencia de todo localismo colorista y autocomplaciente. Valverde se aparta del tópico del laus urbis natalis para adoptar otra actitud más propia del poeta moderno frente a lo que muchos llaman la patria chica: odi et amo. Actitud ambivalente a tono con la valoración de la propia biografía, que se reclama y se desdeña al mismo tiempo, en un ejercicio de amor y odio, de insatisfacción y de conformidad  a la vez. Esta dualidad melancólica se refleja en los versos de numerosos poemas:

Fuimos, claro, felices y muy tristes también
entre aquellas paredes que la tarde encendía
para dar luz a un mundo que creíamos nuestro.

Desde esta perspectiva van discurriendo por el libro las calles, los lugares, los recuerdos, los árboles, los palacios, los conventos… Incluso el desarrollo urbanístico de los últimos años encuentra aquí su eco reprobatorio, tal como se describe en el poema “Periferias”, donde se acusa la despersonalización de “lo moderno” :
Sin alcance de miras,
con escasa ambición
e inaudita torpeza
han ido construyendo periferias
en torno a esta ciudad.

Uno pasea por esos escenarios

sin memoria
y al cabo le parece
estar en cualquier parte.
Ciudad amurallada, “esta es una ciudad de callejuelas, / de callejas oscuras y pasajes umbríos,/ de callejones con olor a orines / y recovecos entre muros húmedos.” En suma, el lugar del laberinto. Un laberinto del que el poeta sabe que nunca ha de salir, como se dice en el breve poema “Ciudad”:

Son tantos los viajes que nunca has emprendido
que al hacer el recuento de los días pasados
en esta amurallada ciudad en la que vives
constatas con dolor –y sientes lástima—
que fuiste en su interior un prisionero.
Quedarte en este encierro es la razón
que iguala a una condena tu existencia.

Libro en cierto modo terruñero, de indudable amor por la tierra natal, sorprende sin embargo con su ruptura del horizonte de expectativas para el lector, pues nos dice, con plena lucidez y acierto, que también en la propia tierra se puede vivir con un sentimiento de destierro y extrañamiento. “No lo dudes –parece concluir--, / sin salir de este sitio en el que vives / sólo eres la sombra de un extraño.” Y eso porque “la vida para alguien puede ser / exilio sin viaje en un lugar.”

Álvaro Valverde, placentino de nación y residencia, no había mencionado nunca por su nombre, ni en su poesía ni en sus novelas, a su ciudad natal, Plasencia. Lo ha hecho ahora, y en verdad ha merecido la pena. ¿Libro menor? Libro recoleto e íntimo, que gustará incluso a los lectores que poco o nada conozcan de Plasencia, de estas Plasencias que alcanzan aquí valor universal por obra de los versos de Álvaro Valverde.

Enrique Baltanás
Reseña exclusiva para La Ronda del Libro

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