03 mayo, 2013

LA MENTIRA EN LA FICCIÓN


Las gemas del falsario,
Raúl Brasca.  
Cuadernos del Vigía, Granada, 2012.


Conocí a Raúl Brasca en Berlín, en el VI Simposio Internacional de Microficción. Afable, de cabello blanco undoso y sonrisa transatlántica, al final del encuentro me regaló un ejemplar dedicado de sus gemas. Yo había leído algunos de sus cuentos y microrrelatos y sabía de su calidad, así que me entregué al gozo de la lectura de este volumen recién salido de las prensas granadinas.

Como anticipa el falsario autor en las páginas preliminares, este libro participa de la mentira en la ficción, y lo hace con “la necesaria desnudez, la obligada ausencia de adornos” que requiere el microrrelato. Es un conjunto de cincuenta y cuatro textos, cuya unidad obedece ─confiesa Brasca─ a la simple intuición. 

Los más de estos relatos pertenecen al territorio de la sexualidad y exploran los rodeos a los que se ve obligado el deseo sexual para hallar satisfacción (“Eloísa y Abelardo”, “Disconforme”, “El sexo como voluntad y representación”, “Edipo complejo”, “Culpa”), o proclaman la lúdica ambigüedad de las palabras (“Flojedad palindrómica”, “El argumento de Onán”). Todo ello sazonado siempre con la ironía y el humor del argentino, y no pocas veces se desliza una mirada solidaria y comprensiva para con los personajes. Así ocurre, por ejemplo, con el protagonista de “Culpa”, que reprime el placer onanista porque cree que lo oyen incluso en estancias alejadas de la casa, pero lo que le irrita y humilla en realidad, cuando se abandona a él, es que la familia finja no haber oído nada.

También encontrarás, estimado lector, ejercicios varios de reescritura (“Duelos”, “Sirenas verdaderas”, “Palimpsestismo”, “Ahab y la ballena blanca”), mas yo destacaría los relatos en los que Brasca lee, falsea y tergiversa satíricamente “chismes históricos, más o menos famosos”. Es el caso de “El sentido de la libertad”, donde Sócrates, en el lecho de muerte, roba a Alcibíades la frase “Al fin libre”, que el muchacho ha pronunciado al verse liberado al fin del magisterio sexual del filósofo. Cabe mencionar igualmente el tema del doble, tradicional en la narrativa fantástica (“Vida de hotel”, “Superyó”), y el clásico del Beatus ille (“Posibilidades”).

Con un lenguaje cercano a la poesía a veces, como en “Volar” (“La mariposa enamorada del fuego se consumió entre las llamas. El fuego remontó el vuelo”), Brasca no actúa como el fotógrafo que recorta y almacena el instante, sino más bien como un hechicero capaz de suspender el flujo de la existencia. El texto que abre el libro, “Inmovilidad, dramatismo y belleza”, revela su concepción de esta forma de narración brevísima, y bien podría decirse lo mismo de la poesía:

No se trata de captar el instante y fijar la imagen en la retina. Mucho mejor es que se detenga un instante el flujo de lo que sucede. El caballo inmóvil en actitud de veloz carrera, el pájaro congelado en pleno vuelo, la lluvia detenida en el aire. Y saber que no es vacilación de la mirada.  

Se trata, en suma, de una de esas raras flores que de vez en cuando nacen en un claro del bosque editorial español y cuya fragancia, lejos de disminuir, crece cada día.

ANTONIO SERRANO CUETO
Reseña exclusiva para LA RONDA DEL LIBRO 

1 comentario:

  1. Si de lo que se trataba, pues claro que sí, era despertar las ganas de leer el libro, objetivo cumplido, Antonio.

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