14 junio, 2013

ILUMINACIÓN Y NIEBLA

CANTOS DE VIDA Y VUELTA, 
José Mateos, 
Pre-Textos, Valencia, 2013

Siempre he creído que la poesía más pura trabaja con el Misterio y eso porque la expresión que llamamos poética surge cuando el hombre (¿tendré que decir "y la mujer"?) se enfrenta a lo inefable. Sin esa incitación, la de necesitar decir lo que no tiene nombre, la poesía no existiría, bastarían los diccionarios.

José Mateos nos está acostumbrando a esos territorios de iluminación y de niebla. Han pasado ya diez años desde que publicara La niebla, su anterior libro de poemas que, a la luz de estos últimos Cantos de vida y vuelta, nos resulta en cierto modo un libro precursor, aunque nunca anduvo Mateos muy lejos de estas inclinaciones. Resulta curioso que Cantos de vida y vuelta, cuyos asuntos son tan evidentemente poéticos y que adopta unas formas obviamente líricas, se nos presente encabezado por tres citas claramente épicas; aún más,  por citas de tres de las epopeyas más relevantes de nuestra cultura. Muchas formas métricas de este libro se relacionan con la poesía tradicional, como cuando emplea octosílabos sustentados en asonancias y estructuras de repetición engañosamente populares; sin embargo esas formas son utilizadas en unos poemas de profunda reflexión trascendente. Si las referencias que se nos marca nada más empezar el libro son La Iliada, el Gilgamesh y el Antiguo Testamento, a  mí no me cabe la menor duda de que lo que se nos advierte desde la primera página es que vamos a entrar en una reflexión honda que ha alimentado la literatura desde sus orígenes, y que ha estado, por lo tanto, con el hombre desde siempre. 

José Mateos no busca ni el asombro ni la originalidad, sino una suerte de fidelidad a sí mismo y a lo eterno del ser humano. La marca de la poesía de Mateos es ésta y sus símbolos serán los que ya ha establecido la convención: el mar, el humo, la tarde con sus imprecisas primeras oscuridades.

Un ejemplo de cómo la estructura de la lírica tradicional popular se presta a las honduras del Misterio que sigue asombrando al hombre es el poema "Canción doble",  en el que nos sitúa ante la certidumbre de que la realidad no se reduce a aquello que percibimos de manera concreta, sino que sólo se insinúa junto a esa apariencia de lo concreto. La realidad más profunda se vislumbra sólo en lo inaprensible... y toda esta retórica abstrusa que empleo ahora es ridículamente superflua ante el acierto sencillo y hondísimo del poema.

CANCIÓN DOBLE

En el reflejo del agua
me miré y no me entendía.

Me miré y no comprendía
por qué era yo y era otro
como las hojas del álamo.

Como las hojas del álamo,
cuando era tú, todo era
de aire y temblaba en el aire.

Cuando era yo, las certezas 
caían secas al río,
como las hojas del álamo.

Como las hojas del álamo.
El mundo era yo y era otro
bajo las hojas del álamo.

Esto, lo de José Mateos, es Poesía, así, con mayúsculas, la que realmente merece ese nombre. A lo largo de todo el libro, algo late ante ese "amor más hondo / que este amor que nos ata / fuertemente a la vida, y que no vemos, / sin la vida, por qué y a qué nos llama. ("Un dibujo de enero") y que prefigura "al Dios que no sé" y que "no tiene nombre" (en el poema inicial). Un Dios sin doctrina  ("Dios sin orillas" lo llama en "Canción de un Dios sin orillas").

Las cuatro partes en las que se estructura el libro hacen un todo al que se suman un poema sin título a modo de prólogo o introducción y un epílogo que consta de un único poema de cierre.

En la primera parte encontramos los versos más líricos, aquellos en los que los resortes de la narratividad están ausentes por completo. Sus títulos corroboran esta evidencia, pues muchos se llaman canción y otros asumen el nombre de los temas convencionales de éstas ("amor", "la tarde"). Es la poesía que cabía esperar de Mateos, a la luz de sus últimos libros: esa que busca una profunda densidad en el enigma y la plantea en versos claros de tenue musicalidad.

En la segunda parte aparece el tono narrativo, adoptando un registro dantesco, en el que el poeta tiene a su padre como particular Virgilio en su no menos personal infierno.

Abunda de nuevo cierta narratividad como recurso en la parte tercera del libro con esas "noticias del diluvio" que son a todas luces una especie de álbum de un apocalipsis contemporáneo: "en sueños vi un gran libro", dice, y de ahí sus imágenes fuertes que muestran lo devastador de nuestros días. Al vocabulario ya propio de los poemas de José Mateos (“niebla”, “noche”, “muerte”...) se incorpora ahora el léxico frío de lo estrictamente contemporáneo, el justo contrapunto a la realidad eterna y honda que Mateos canta y así con los “frigoríficos”, “coches”,” aeropuertos”, etc. justifica Mateos, en éste tercer eslabón del libro, la cita del profeta Joel al comienzo del mismo.

Con los poemas de la cuarta parte se recoge de manera conclusiva las mismas incógnitas, un idéntico no saber que el de la primera parte, pero ahora hay un interlocutor en muchos de los poemas, un Tú (así, con mayúsculas) a quien interrogar y a quien llegar a exigir una respuesta. Muy significativo es que termine con una intuición de la resurrección. El epílogo lo aclara todo: "A veces toco un milagro.Casi toco una verdad..."

INMACULADA MORENO.
Reseña exclusiva para LA RONDA DEL LIBRO 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

ESTE BLOG ASPIRA A SER UN LUGAR DE INTERCAMBIO DE IDEAS ENTRE INTERLOCUTORES QUE SE EXPRESAN EN IGUALDAD DE CONDICIONES. POR TANTO, NO SE PUBLICARÁN COMENTARIOS ANÓNIMOS.