26 julio, 2013

LOS REGRESOS

SEÑALES,
Dionisia García.
Editorial Renacimiento, Sevilla, 2012

La vida nada nos dice ni oculta, tan solo nos envía señales que hemos de interpretar y asumir. Las señales al final del camino van siendo más tenues y teñidas de tonos grises, entonces hay que aprovechar el instante, las pocas esquirlas de luz y belleza que nos van dejando los días. Cuesta decir adiós a las cosas que amamos, pero hay que aprender.

Dionisia García nos ofrece en este libro esas esquirlas que ha logrado arrebatar a la vida con la terca pasión del optimista y la lucha sin tregua del coleccionista de instantes bellos.

La visita a la vieja casa labradora y las fincas de viñas, olivos y almendros, todo abandonado y refugio de aves y  nidos, pone en el poema “Lacrimae rerum” una gota de nostalgia por los tiempos pasados; es una reflexión sobre el deterioro de las cosas y lugares del corazón que en otro tiempo estuvieron llenos de vida y de titánicas labores. Tras el poema “Entre dos siglos” también late esa lenta agonía de mundos anteriores” que dieron sentido a una vida que ahora carece de sentido.

La vida, cualquier vida es una apuesta que se pierde, siempre termina en derrota; “Engaño” trata de decirnos que, a pesar de la alegría o de las inquietudes que animen nuestro pasos, solo se nos dará alcanzar “una ráfaga apenas de ese sol que ya huye”. Y, sin embargo, el rumor de la vida es tan poderoso que logra resurgir contra todo pesar, contra el paso de los años y su lento desgaste; esa es la secreta lección de “Permanente rumor”.

El viaje también encuentra su lugar en estos versos; poemas como “Clandestinos” y “Telares”, donde se nos muestra la vida más menesterosa de los mercados clandestinos de San Petersburgo y la infancia miserable de los niños parias de las calles de Delhi, “atados y sumisos al banco de trabajo”.

Otros viajes, con un naufragio imprevisible, son los que se nos cuentan en “Imprevisiones”.

El hipérbaton, recurso tan habitual en Dionisia García, lastra un tanto esta poesía dotándola de un cierto regusto arcaizante, menor en la segunda parte. El primer verso de “Voces posibles”, “Fácil imaginar de la tierra el aullido”, hubiera quedado mejor dispuesto en su orden natural: “Fácil imaginar el aullido de la tierra”. “porque, torpes, los dioses a las canicas juegan” u “Hoy, de nuevo, la luz en su  grandeza insiste”, de “Juego peligroso”, son otros ejemplos.

En esa persistente reflexión de lo perdido quizá sea “De la brevedad” uno de los más conseguidos poemas del libro. Solo nos queda “el  ahora” como el mejor refugio, el más seguro azar que nos sentencia. Y en esa tesitura “Edad tardía” viene a ser una valiente apuesta por la vida.

La segunda parte, “Archivo inédito”,  guarda otro tono, un tono cotidiano y coloquial que con un lenguaje suelto y natural nos habla de recuerdos, homenajes, celebraciones y despedidas. Poemas como “La bolsa de papel”, “Obsesiones”, “Encuentro memorable” y “Malograda voz” son sentidos homenajes a Mandelstam, Lorca, Esenin y Sylvia Plath. “Mensaje” es un poema lleno de ternura dedicado a su madre. “Vivos” es un homenaje al cine y, más concretamente, a los “prodigiosos blancos / y negros de Hitchcock”.
El tono contenido y desolado de “Permíteme” viene a ser una delicada despedida de la poesía, de las palabras y su música que nos salvan de un mundo que gime y nos azota. Si en “Inutilidad de la tristeza”, que sirve de pórtico al libro, se apuesta por la belleza y la dicha del hoy, en cómplice armonía con quienes convivimos, así en “Seguridades”, que le sirve de epílogo, con su decir telegráfico al final, se canta también al instante desde la despedida, cuando ya se va de regreso y nada asombra; unas horas al contemplar el prodigio del sol sobre una plaza son señales suficientes para el que no busca respuestas y tiene andados todos los caminos.

Poesía de visión serena esta de Dionisia García; nada de lo humano le es ajeno a este decir templado y sabio. La poeta mira el mundo y la vida cercana con amor y piedad, contemplando los caminos recorridos y aceptando el momento con mirada generosa y compasiva.

JOSÉ LUNA BORGE
Reseña exclusiva para LA RONDA DEL LIBRO

2 comentarios:

  1. Anónimo12:25

    Ya sé que parece de buen crítico introducir algún "pero", pero a veces es tan forzado, se reprochan tales naderías con dudoso criterio, se resta valor de manera tan arbitraria... De aspirante a poeta que reseña libros de poemas, o directamente de poeta malo, que es lo más común, es amonestar los hipérbatos que aquí se ejemplifican. La poesía es música y ritmo (y otras cosas, pero sin música y ritmo no hay poesía). ¿Qué queda del alejandrino si se escribe "Fácil imaginar el aullido de la tierra" (a no ser que se dé por buena la chapuza de considerar heptasílabo del primer hemistiquio "Fácil imaginar el", donde sobre "el".)Igual en el verso "porque, torpes, los dioses a las canicas juegan". ¿En qué sería mejor "en su orden natural"? ¿Sería este "porque, torpes, los dioses juegan a las canicas"?, haciendo malcaer el acento en el "gan" de "juegan".
    En fin, por lo demás es una buena reseña que nos pone sobre la pista de las claves del libro y anima a leerlo.

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  2. Piranesi Transpintor14:40

    No se como alguien puede atreverse a decir còmo quedaria mejor un verso ageno en pùblico..... soy pintor y ès como si alguien me dice... hubiera quedado mejor un azul prusia.... ése no es el trabajo de la crìtica..... es el de un amigo en todo caso, y en privado....... lamentable.

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