07 febrero, 2014

ANTONIO SERRANO EN SUS 'PAPELES SECUNDARIOS'

Hay autores que se parecen a sus libros y viceversa. Y resulta que ahora el retrato que tengo más a mano para hacer la semblanza de Antonio Serrano Cueto es su último libro, Papeles secundarios. En él me voy a fijar para traer a esta cuartilla algunos rasgos de su fisionomía; y no tanto porque el libro incluya la inevitable foto de autor -que también-, sino porque en sus textos, en el mundo que retratan, me parece estar viendo y escuchando a la persona que lo ha escrito. 

Ya sé que con esto no digo mucho respecto al libro en cuestión: a algunos les sienta bien parecerse a su autor, pero también los hay a los que lo que les sienta bien es precisamente no parecerse a su autor. Todo depende de la relación que pueda establecerse entre el modo de estar en el mundo de éste último y el modo en el que el libro aspira a permanecer en ese otro mundo mejorado en el que impera la libre interacción de las ideas, tal como sucede en las páginas de un libro o en el momento privilegiado de la lectura. Hay veces en las que simplemente la persona del autor es demasiado ruidosa o vociferante como para acompañar al libro en ese destino suyo natural. No es ése el caso. Papeles secundarios, como todos los libros que significan algo, presupone ese diálogo sin interferencias que se establece entre texto y lector. Pero en esta ocasión ese diálogo dista mucho de ser solemne o intimidatorio, sino que se aviene bien a lo que quienes conocemos a Antonio sabemos que es su personalidad y su trato. En él el sentido común es una forma de la cortesía, porque sólo los energúmenos se apean del sentido común en su trato con los demás, y lo sustituyen por las presuntas razones de quien más grita o más poder ostenta o más daño amenaza con hacer. Ninguna de esas mañas pertenece al mundo moral de Antonio. Tampoco la seriedad del burro, a la que tan fácilmente se presta, no su nobilísima vocación de filólogo clásico, sino la caricatura de la misma, la figura del dómine empapado en latines y erudición superflua. Antonio es erudito como lo son las personas vitales; es decir, quienes saben que cierta manera de vivir la cultura ayuda a vivir en general y a disfrutar más intensamente de la vida; y que una ciudad paseada, por ejemplo, como algunas de las que Antonio pasea en Papeles secundarios, cede mejor sus secretos si, antes de ser paseada, ha sido también leída, anticipada en otros libros.

Asomarse de esta manera a la literatura, a la música, a los viajes y a la vida en general implica humor. El humor es inconcebible sin el sentido común, pero también exige el necesario complemento de éste: una dosis de fantasía, que permita darles la vuelta a las cosas para dejar al descubierto sus pretensiones desmedidas, el cartón piedra del que están hechos muchos espantajos que, hasta el momento mismo en que los desenmascaramos, nos intimidan y asustan. Quien conoce a Antonio sabe que ese humor fantasioso, un poco absurdo a veces, educadamente irreverente, es una cualidad de su persona. Y que ese humor, a diferencia del sarcasmo gratuito o la broma cruel, no daña lo que toca, sino simplemente lo convierte en algo más cercano y manejable. Es por ello por lo que creo que no descubro nada si digo que la expresión literaria natural de Antonio Serrano es el microrrelato. La brevedad del microrrelato, su querencia casi natural a la ironía y al humor, su manera de desenfocar lo obvio hasta hacerlo desconcertante, se avienen bien con la manera de ser de Antonio y su modo de afrontar y expresar la realidad. Antonio, que es también autor de dos inesperadas entregas de poesía madura, No quieras ver el páramo y Son caminos, ha escrito muy buenos microrrelatos, como los incluidos en su libro Fuera pijamas o algunos de los que se alternan con textos de mayor extensión en Zona de incertidumbre. Papeles secundarios también incluye algunas buenas muestras del género, e incluso un sorprendente alarde de lo que él llama “microrrelatos embrionarios”, es decir, apuntes brevísimos que contienen ya el germen de otros tantos microrrelatos –algunos lo son ya de pleno derecho– y de los que el autor se deshace con esa sorprendente prodigalidad de quien no se siente precisamente falto de ideas.

Que Antonio Serrano no anda escaso de ellas es algo que queda claro, no sólo por la sorprendente regularidad con la que, en apenas unos pocos años, ha dado a la imprenta varios libros, a una edad en la que a otros más ambiciosos o precoces las ideas empiezan ya a acabárseles, sino por su mero trato. Sí, a veces los libros se parecen a quienes los han escrito. Y al revés. Pero no siempre -Antonio es un buen ejemplo de lo contrario- puede uno congratularse de esos parecidos.

JOSÉ MANUEL BENÍTEZ ARIZA
Semblanza exclusiva para LA RONDA DEL LIBRO

1 comentario:

  1. Muchas gracias por esta semblanza, José Manuel. Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar

ESTE BLOG ASPIRA A SER UN LUGAR DE INTERCAMBIO DE IDEAS ENTRE INTERLOCUTORES QUE SE EXPRESAN EN IGUALDAD DE CONDICIONES. POR TANTO, NO SE PUBLICARÁN COMENTARIOS ANÓNIMOS.