21 febrero, 2014

EN BUSCA DE CERTEZAS

EL MUEBLE OSCURO Y OTROS RELATOS
Elena López Torres.
Renacimiento, Sevilla, 2011 

Elena López Torres es una persona abierta y poliédrica, que no vacila en intentar nuevas empresas y en asumir desafíos inéditos que podrían comprometer incluso –esas cosas misteriosas de la ficción- el prestigio logrado como filóloga y profesora titular de la UCA. Pero para mí, hoy humilde y admirado lector, Elena López no es la ejemplar docente universitaria sino la sospechosa y enigmática autora de El mueble oscuro y otros relatos. Cuando descubrí su libro entre las novedades de la pasada Feria del Libro, me preguntaba quién sería esta tal Elena López Torres que no conocíamos por estos pagos literarios. Luego supe que andaba curtiéndose en los malamente denostados talleres de escritura creativa, entre ellos en el impartido por el escritor José Mateos, y colaborando en antologías como Segundo muestrario, Infancias y Palabras cruzadas bajo la dirección del poeta jerezano. Y es a través de él que la conozco a ella y me intereso por este libro, El mueble oscuro y otros relatos, su primera obra de creación en solitario, publicada por Renacimiento. Dos avales de peso, pues seguro que ni el poeta querido ni la editorial de Abelardo Linares apadrinarían un libro que no mereciese verdaderamente la pena. 

Lo leí de un tirón en un AVE hacia Madrid. Y ahora, ya como lector enriquecido, guardo una deuda de agradecimiento por esos momentos de disfrute que estos relatos me han proporcionado. Agradecimiento y alegría por conocer a una persona que no sólo tiene algo que contar, sino que llega a la literatura con impulso propio, con energía personal y poderosa y con entusiasmo siempre, que era para Juan Ramón Jiménez condición indispensable en el artista.

“Contar un cuento es saber guardar un secreto”, escribe Andrés Neuman Y en muchos de los secretos que se guardan en estas diez historias son acaso las pequeñas emociones el eje de las mismas. Las pequeñas emociones que surgen de nuestras relaciones humanas: de pareja, entre padre o madre e hijo o hija, entre profesor y alumno. Ataduras que reúnen diez relatos cuyo denominador común es la subordinación de los protagonistas a una realidad familiar, social, que les mantiene atados a algo que ya no sienten como propio, pero de lo cual no pueden dejar de participar. Como Carolina lo hace de su matrimonio o como Esther de su aventura platónica, como Marta de su fracaso, como la madre de Alfredo se agarra a la vida a pesar de su decrepitud, o como la niña no puede desprenderse de su miedo en "El mueble oscuro", el relato que da título al libro. En escenarios cotidianos, personajes, sobre todo femeninos, heroínas de andar por casa, van en busca de su propia identidad, tratan de sobreponerse dolorosamente a la rutina, a los terrores convencionales, a la falta de comunicación, a las pequeñas tragedias cotidianas. Nada pretende ser muy original, pero la literatura de Elena López Torres se introduce también en nuestras vidas.

La tarea del escritor, decía Benjamin, es luchar contra tanta cháchara buscando la palabra justa. Sus personajes son así, gente corriente e insignificante, colocada en situaciones ordinarias. La novedad de su escritura, una novedad que no consiste en grandes aportaciones formales, sino en la voluntad de decir verdad. Decía Adorno que "hacer hablar al sufrimiento es la condición de toda verdad". De eso se trata, de hacer ver que el sufrimiento es la parte oscura de la realidad que el narrador tiene que traer a la presencia del lector. No cesamos de contarnos historias para creernos cuentos y la literatura es una fuente que no se agota nunca: no cesaremos de contar de mil y tres maneras diferentes la misma escena en que un caballero seduce a una dama.

En fin, lo que Elena López nos pinta en estos relatos, narrados con un estilo sencillo, leve, aéreo, exento de retóricas fraudulentas y nada manierista, con una voz sosegada y desnuda, son unos personajes que se enfrentan a pequeñas tragedias personales o miserias cotidianas. Y lo hace con una mirada calma, compasiva, a veces también risueña. Son asuntos eternos del corazón: el desamor, la vejez, el desengaño, la soledad, el abuso, la infelicidad en suma. Sobre estos y sobre estos personajes desvalidos, Elena López Torres exterioriza sus emociones sin hablar de sí misma y sin embargo nos está hablando de sus sentimientos y de su intimidad.

Tal vez para Elena la única manera de combatir ciertas nostalgias sea escribiendo y, naturalmente, la nostalgia se abre paso en el tema de estos cuentos, pero en ellos yo creo que hay algo más que nostalgias. Hay mesura emotiva y explícita contención. Hay esperanza. Hay en estos relatos un dolor esperanzado. No hay crispación alguna ni retoricismo, sino equilibrio en esta suave melancolía entre el sufrimiento y la confianza en la curación de un hijo, en los caminos que se abren después de la angustia, del miedo, del fracaso, después de una vida anodina. Hay, como se dice en uno de los relatos, una justicia cósmica, una compensación que pone cada cosa en su sitio. Se manifiestan sentimientos de tristeza y aflicción pero se intuye un porvenir. Como Gatsby, son personajes que ven alguna vez la luz verde en los semáforos.

La literatura es ese universo donde queda paliada la soledad, al menos hasta donde es humanamente posible. Y El mueble oscuro contiene muchos de esos lugares que persiguen al lector como una caja de resonancia después de haber concluido la lectura. Lugares a los que podemos volver para buscar certezas. Pero no hablo de certezas morales, que para eso está la religión o la autoayuda, hablo de algo mucho más misterioso: la profunda satisfacción que nos dan los mundos cerrados, autónomos y perfectos de estos relatos. Esos mundos que, precisamente por haber nacido de la imaginación libre y soberana de Elena López dan a la realidad un orden y un significado que ésta, por sí sola no logrará jamás. Esos mundos donde las cosas, precisamente porque no han sucedido nunca, seguirán sucediendo siempre.

JOSÉ MANUEL GARCÍA GIL
Reseña exclusiva para LA RONDA DEL LIBRO 

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