19 diciembre, 2014

LOGRADA TRANSPARENCIA

Transparente
de Rosario Troncoso.
La Isla de Siltolá, 
Sevilla, 2014.

Reseña de Mª ANTONIA COLLADO LUENGO  

Evitemos la jerga profesoral: un libro gusta o no gusta, y a mí éste me ha gustado. La verdad es que la poesía de Rosario Troncoso ha sido siempre muy… transparente: tanto por su inmediatez como por haber dejado entrever desde sus comienzos una ambición expresiva poco común, con algo, quizá, de apuesta demasiado prematura en sus primeros libros. Aunque también en esos primeros libros se podían apreciar algunas de las características más conspicuas de su poesía: la querencia hacia la cotidianidad; el gusto por convertir la propia intimidad en un espacio poético abierto a la complicidad del lector; y una cierta capacidad, que no se aprende en los libros, de hacerse querer por éste.

Con esas premisas pueden ocurrir dos cosas: que sirvan para ganarse muchos amigos o para conseguir auténticos lectores, exigentes y fieles. Lo primero ya lo había conseguido Troncoso con sus primeros libros; lo otro está empezando a lograrlo ahora: primero, con El eje imaginario (Ediciones en Huida, 2012), el primer libro suyo en el que habla al lector con una voz plenamente madura. Y esa madurez se confirma ahora con Transparente: un libro de poemas breves, fraseo conciso y elocuente contención verbal. 


Su primera parte, “Derribos controlados”, es un lúcido cancionero amoroso, en el que están igualmente ausentes el sentimentalismo vacuo y el desgarro impostado. Hablan estos poemas del deseo maduro (“ese vicio del uno por el otro”), de las falibles armas del enamorado para vencer el desgaste del tiempo (“Y es que ya no me cuido las manos como debo”), de las fantasías que momentáneamente dejan fuera al otro (“Me gusta hacerme la dormida”, dice, en un poema que habla de la infidelidad en los sueños). 

Por el contrario, la segunda parte del libro, “Ya no son infalibles las rutas conocidas”, habla de la realidad exterior a esa intimidad de dos de la que habla la primera parte: la momentánea “anestesia” del fin de semana, antes de volver a encontrar “[s]obre la misma silla / el lunes, el cansancio”; o las metáforas inesperadas que depara la ciudad a quien tiene los ojos bien abiertos: la repentina sensación de desorientación (“Se me ha desordenado la ciudad”), o la feliz ocurrencia de que en un taller de costura también “[s]e coge el dobladillo / a los días más largos”.

Reconforta esta poesía sencilla, cercana, hecha con un mínimo utillaje retórico. Sobran quizá, ciertos tremendismos: las “tripas”, “alacranes y ratas” que comparecen, ocasionalmente, en los poemas de esta poeta todavía pasional. Pero el tono está ya logrado y el camino es muy transitable. Enhorabuena.



Mª ANTONIA COLLADO LUENGO.
Reseña exclusiva para LA RONDA DEL LIBRO

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