11 julio, 2017

UN BRILLANTE ESTRENO LITERARIO

Juntemos las tribus 
(Título original: Gathering the Tribes).
Carolyn Forché,
Traducción de Claribel Alegría y Lillian Levy.
Visor, Madrid, 2017.
136 pp.


Sin duda pocos poetas han tenido un estreno tan brillante como el que supuso la publicación en 1976 de Gathering the Tribes. Con este primer libro, Carolyn Forché (Detroit, Michigan, 1950) no sólo se presentaba como una firme promesa, sino que se revelaba como una poeta original, bien asentada en su tradición y capaz de construir sobre estos sólidos inicios una obra sólida y coherente, como así ha sucedido. Merece celebrarse, por ello, que una editorial española se haya decidido a publicar la traducción de este libro y que ésta haya corrido a cargo de Claribel Alegría y Lilian Levy. En traducción la colaboración suele dar siempre buenos resultados; y, en el caso que nos ocupa, cabe atribuir a la poeta nicaragüense una clara voluntad de re-crear, más que de calcar, la tensión poética que destila el decir poético de la norteamericana. Aún así, siempre cabe lamentar que, en el trasvase de una lengua a otra se produzca una inevitable pérdida: la precisión de la poeta de Michigan, su increíble sentido de la economía, su modo de pintar sensaciones y narrar acciones mediante certeras pinceladas que lo mismo combinan la exactitud descriptiva con un eficaz uso de la imagen poética, no siempre encuentran su exacta traslación al castellano; y ello es especialmente palpable en la secuencia de poemas eróticos que cierra el libro, en los que Forché acierta a combinar la sutileza y la franqueza para transmitir una sensualidad que poco tiene que ver con los clichés al uso: véase, por ejemplo, su modo de sugerir una masturbación femenina en el extraordinario poema en prosa "This is their fault" ("Esto es culpa de ellos"), en la que la traductora vierte, un tanto desvaídamente: "Me da trabajo dormir, sabiendo que debo ocultar lo que estoy haciendo, sin saber lo que es", mientras el sentido del original ("I work myself to sleep..") más bien indica que es el esfuerzo sexual en cuestión lo que rinde a la protagonista al sueño.


Estas pequeñas sombras apenas alcanzan a empañar, no obstante, la sorpresa y el gozo que deparan la lectura de este libro. Ya en su primera parte, en efecto, Forché nos sorprende con su distanciada manera, en absoluto sentimental, de referirse a sus antecedentes familiares. Desde un cierto feminismo no programático, sino dictado por una alta conciencia de la verdad humana y poética, la autora se refiere casi exclusivamente a sus ancestros femeninos, en los que ve una imagen anticipada de la decrepitud por venir ("Estoy harta de engordar como tú"), pero también el vehículo por el que toma conciencia de las terribles conmociones históricas que forzaron a estos familiares a emigrar a América desde su nativa Eslovaquia. En poemas como "The morning baking" ("La hornada matutina"), la autora se refiere a su abuela alternando expresiones de reconocimiento y ternura con otras de cierto reproche, aunque el procedimiento redunda finalmente en una cierta idealización de un tipo de mujer ancestral, ruda y fuerte, conocedora instintiva de las realidades de la feminidad en una época, recuérdese, ajena todavía a la posterior toma de conciencia feminista. No ha de extrañar que, en esta primera sección del libro, la autora incluya también algún poema paisajístico -"Early night" ("Atardecer") o "Barley Fields" ("Campos de cebada")-: paisaje humano y paisaje físico se unen para crear una misma impresión de conjunto: la idea de origen, inevitablemente unida a la conciencia de quién se es y al compromiso con la memoria heredada.

Esta atención al tipo humano inmediato y a su entorno abren la puerta a los poemas de la segunda sección, todos ellos ambientados en las estancias de la autora en diversas regiones del suroeste de los Estados Unidos y su convivencia con los pueblos indígenas de la zona. El paisajismo se depura: "Blue Mesa", por ejemplo, describe en apenas ocho deliciosos versos un entorno singular -un embalse devenido centro de recreo para pescadores de caña- mediante una certera cascada de imágenes. Desde una óptica similar, "Las Truchas" describe un asentamiento nativo de Nuevo México convertido, por su proximidad a la carretera, en puesto de venta de recuerdos para turistas. Estos gráficos poemas de viajero enmarcan otros referidos a los tipos humanos que habitan esos lugares, vistos desde la misma perspectiva individualizadora y antisentimental que la autora había aplicado previamente a sus propios ancestros. Llama la atención que la sección se cierre con un breve poema sobre la muerte, "Plain song" ("Canción del llano" -habría sido mejor traducir "Canto llano"-) que recuerda en su andadura al célebre "Y yo me iré..." de nuestro Juan Ramón: "Cuando suceda, deja que vengan los pájaros...". La poeta parece querer establecer un paralelismo entre sus despedidas de viajera y el adiós definitivo.

De nuevo, la excelente construcción del libro va creando las condiciones para que el lector avance con la autora en una especie de itinerario hacia el autoconocimiento que, como avanzábamos al principio, culmina en la serie de poemas eróticos que constituyen la tercera sección del libro. Ya hemos mencionado uno de los mejores, "Esto es culpa de ellos", en el que una ama de casa agobiada de duro trabajo en un entorno campesino fantasea sobre su rutina y se deja llevar hacia la rememoración de un primer amor y su iniciación sexual. Llama la atención que del enamorado, un tal Joey, se diga que "se marchó a un monasterio, en Canadá, para cumplir un voto". El detalle enlaza con las alusiones que otros poemas hacen al tema del amante ausente bajo idénticas circunstancias: en uno de ellos, "Taproot" ("Raíz madre"), se llega a incluir un fragmento de una carta presuntamente escrita por ese amante desde el monasterio, en la que menciona a un monje al que ha visto "apresar los senos de la virgen / labrada en madera", en lo que parece sugerir una cierta continuidad epistolar de la intimidad erótica creada previamente. También un poema de la sección anterior, el titulado "Mountain abbey, surrounded by elk horns" ("El monasterio de la montaña, rodeado por astas de alces") hacía mención anticipada del escenario del retiro de ese amante; lo que resulta en que a lo largo del libro se va articulando una soterrada historia de amor. Otros poemas eróticos, no obstante, se desvinculan abiertamente de esas circunstancias: el bellísimo y muy explícito "Year at Mudstraw" ("Año en Mudstraw"), que recrea un rudo idilio campesino ("La sopa casi lista, mis pechos / gotean por el vapor de la olla. / Desliza por mi cuello la barba de un día. / Me abro la ropa para sus manos"); o el titulado "Kalaloch", que describe también muy gráficamente un episodio lésbico ("Me abrió las pantorrillas / con las manos, apartó mis  talones. / Una boca de mujer / no es diferente..."). De nuevo, la precisa descripción del entorno y la perfecta caracterización de los personajes juegan un papel fundamental en la eficacia del poema. Más genérico, en cambio, es el titulado "Taking off my clothes" ("Desnudándome"), una sorprendente reconsideración de los roles sexuales: "Vengo hacia ti de noche y me da lástima / malgastar mis estremecimientos íntimos / contra el muro de un hombre". 

Quienes conocen a Carolyn Forché por su poesía posterior, decantada hacia el compromiso político, aunque siempre desde la reivindicación de la necesidad de que el poema sea, además de transmisor de un posible mensaje, un vehículo para la expresión personal, pueden sentirse sorprendidos por el intimismo que aparentemente domina este primer poemario. Pero ya hemos visto como esa exploración de la propia intimidad se muestra siempre también como una consideración del entorno inmediato y quienes lo habitan. En este logrado equilibrio entre expresión íntima y evocación de la realidad circundante reside el mayor acierto de este brillante estreno.       


JOSÉ MANUEL BENÍTEZ ARIZA

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